lunes, 28 de mayo de 2007

Mujeres de las que enamorarse, hombres con los que ir a la guerra


En una ocasión, al conocer a un grupo de hombres y mujeres hispanoamericanos se me ocurrió decir la frase que titula este post. Entre ellos, luego fui cerciorándome de mi acierto, había de las unas y de los otros.
En el cine abundan los personajes con los que nos encerrariamos para siempre en sus historias. Yo no se si estoy de acuerdo con Michael en sus preferencias pero, como repite un famoso bloguista: cada uno es dueño de sus preferencias. No, no, no estoy siendo justo: Mo Cuishla...¡ay, Mo Cuishla! O los personajes de Ingrid: esa Ilsa que le destroza la vida al bueno de Rick. ¡Qué debilidad!
Pero hay grandes casos: ¿cómo no ha aparecido por aquí nuestra adorada Maureen, cuando aún la dulzura embellecía su sonrisa pícara por los verdes prados irlandeses? ¿O aquella jovencísima Angie Dickinson (Feathers) que se permite estar de vuelta con el Sheriff Chance (John Wayne) en Río Bravo? Con Joy Gresham (Debra Winger) hubiera bastado con ayudarla a bajar de un tren, o saludarla tras la conferencia de un famoso experto en literatura británica, para caer rendido a sus piés. Cruzarse por Paris con Valentine Dussot (Irene Jacob) e irse tras ella hubiera sido todo uno. Y sí, yo también le hubiera dicho a Cora Munro "mantente viva, yo iré a rescatarte", y ni un millón de Hurones hubieran podido detenerme. Hasta la un poco pesada Señora Pedecaris habría merecido una guerra con los Estados Unidos de América* (salvando las distancias, nunca entendí que Helena lo mereceriera, la verdad).
Y qué decir de ellos, de nuestros camaradas: un T.E. Lawrence marchando hacia Akaba, un William Wallace arengando en la llanura a sus hombres, casi cualquier personaje de John Wayne, un Jeremias Johnson en mitad de la hermosa Utah, Cary Grant en Gunga Din, Beau Geste, los perdedores íntegros de Bruce Willis, Henry Fonda en 12 hombres, Spencer Tracy en aquel pueblucho de morondanga manejado por Robert Ryan, Hornblower enfrentándose a las fragatas españolas (¡cachis!) o Aubrey a un carguero de línea francés... Por supuesto, que todos nacieron en la imaginación de alguién pero, de haber existido, a todos ellos se les podría haber dicho lo que ya se dijo de un gran hombre que sí existió: cuando todo falle y estés en situación desesperada, ponte de rodillas y ruega a Dios para que te envíe a Shackelton

* [Por cierto, ya sabéis que la famosa frase de esta película (vos sois como el viento -Rooselvelt se entiende- que está en todas partes, pero yo, como el león, debo quedarme en mi tierra...o algo así), fue muy otra y dirigida al coronel español Fernández Silvestre: el Raisuni era como el mar y Silvestre como el viento, un desafío, una amenaza.]

2 comentarios:

remington steel dijo...

Sí, yo también me había acordado de Joy Gresham: "¿Está usted tratando de ofenderme, o simplemente es estúpido?"

remington steel dijo...

Aunque no la había citado. A Maureen, en cambio, sí que la cité.