jueves, 26 de abril de 2007

MÁS SOBRE JOE


Pues resulta que ayer vi Joe contra el Volcán. Esto ya de por sí es sorprendente, pero después de leer el post de Michael la tentación fue más fuerte que yo. Más sorprendente aún es el hecho de que la estuvieran emitiendo en Cinestar a petición del público. ¿Pero es que alguien más recordaba Joe contra el Volcán?
La peli no es mejor ni peor de como la recordaba, en general, pero tiene algún guiño que me pasó despercibido cuando la vi hace sabe Dios cuántos años, y que me sorprende que no se comentara aquí. Si el comienzo de la película es un homenaje a un clásico, aún más lo es el final. Esa boda in articulo mortis oficiada por el jefe de la tribu, esa providencial explosión y esas cabezas emergiendo del agua... Casi esperaba oir el diálogo "¿Cómo se encuentra, señor Alnut? Bastante bien, para ser un hombre casado, señora Alnut". Me parece imperdonable que Michael no lo comentara. ¿O es que no se había dado cuenta, lo cual sería aún más imperdonable, en cualquier ser humano, pero en Michael O'Leary en particular?
Aprovecho la ocasión para comentaros que le estoy dando vueltas a un tema, el cine y los trenes, quizá escriba un post, pero en cualquier caso ahí está el guante si alguien quiere recogerlo.

viernes, 20 de abril de 2007

300, The Movie.


Pero hablemos de cine. 300, como película, nos presenta un nuevo experimento de fusión del cómic con el cine, o mejor dicho, la transposición de la estética narrativa de los cómic de Frank Miller al cine. Yo estos tebeos del tal Miller no los he visto nunca, y hay que ver todo el cómic que he leído yo (desde Mortadelo y Filemón hasta Metal Hurlant), pero ya conocía propuestas parecidas en cuanto al uso de sombras, oscuridades, claroscuros y luces deslumbrantes. Un ejemplo, si bien alejado de la Miller-estética, pero no del abuso de tinta china, son las historietas de Breccia, según creo recordar. Hace unos días me hice con una copia de Sin City, (violento, irregular, enfermo y prescindible cómic cinematográfico -que, sin embargo, debió tener éxito en taquilla-) para verificar el carácter de esta estética.

En mi opinión, lo que resulta interesante de ambas películas, algo que las hace especiales, es lo que anticipan: las dos son una invitación a expresar historias con pautas narrativas y visuales distintas de las que son usuales, o sea, que pronto le saldrán imitadores y me preveo un abuso de estos códigos igual que ocurrió con Matrix.

Desde lo cinematográfico, creo que 300 es espectacular pero vacía. Es pura estética y cámaras super lentas. Como manduca resulta un poco poco, y ofreciendo sólo eso la película moriría en nuestra memoria en el mismo momento en que abandonamos la sala de proyección. Para su fortuna, cuenta con la baza infalible de una épica real y no ficticia. De unos hechos que realmente ocurrieron y que calificaban un modo superior de vivir como hombres. Releyendo a Heródoto hay que reconocer que Miller no se inventa mucho. Bueno, tal vez, por ponerle un pero, cuando al principio de la historia los heraldos de Jerjes son lanzados a un pozo por los espartanos, habría que advertir que esto pasó con Darío y mucho tiempo antes.

Pero hay más. Bastante sorprendente me pareció que la historia, ya fuera por responsabilidad del director o de Miller, se regodeara en hacer tan inmensa la distancia entre espartanos y persas, con exageración casi caricaturesca. En el espartano hay una rectitud de obra y pensamiento que le impide dar un paso atrás frente a la injusticia de la invasión persa. Las leyes espartanas, que entrelazan las vidas de la comunidad, se sitúan por encima de la voluntad de cada individuo. El honor, el amor a la patria, a la verdad, el sacrificio de la vida si es necesario, están de manera muy patente y explícita en la película.

¿Y enfrente, qué se le opone al espartiata? Lisamente, la degeneración. Desde el fantoche gigantesco de Jerjes a las prostitutas de su lupanar, la gran multitud persa es descrita como una abominación de seres abandonados a la tentación, solicitados por la codicia de lo material. Son repugnantes a pesar de sus oropeles y adornos, de su fastuosidad, de los ricos ropajes, de las joyas. Y el más repugnante de todos es el propio Jerjes, el tentador, el que abraza en una escena central de la película los hombros del Rey Leónidas para susurrarle: adórame y yo te haré el más importante de los hombres de Grecia, sólo me tendrás a mí por encima.

Este contraste, tan intencionadamente presentado, me resultó casi conmocionador. Uno no está acostumbrado a ver discursos tan explícitamente no correctos en nuestros tiempos. Esto no es talante ni es nada. O sí. Para los usos contemporáneos, quizá estemos ante una novedosa pedagogía que nos haga recuperar un poco de cordura sobre cómo se construye la justicia y qué puede exigirnos. Y es vista así que la película comenzó a gustarme.

miércoles, 18 de abril de 2007

OTRO JUEGO

Nos han visitado desde Zapotlanejo. Mi pregunta es la siguiente:
¿Quién quería irse a vivir a Zihuatanejo y le propuso a su mejor amigo un retiro dorado en tan idílica localidad del Pacífico?

martes, 17 de abril de 2007

300. Una excusa para mirar a la historia. Introducción.

Una película nos ha traído al recuerdo la batalla de las Termópilas. Por sólo eso sería una buena obra. Las guerras médicas siempre han sido mis favoritas. Es difícil describir (bueno, si no se me conoce) el impacto que tuvo en mí la lectura de la Historia de Heródoto, cuántas “batallitas” saqué de ella, cuánto aprendí. Cual Bilbo Bolsón, Heródoto escribe la historia de una ida y una vuelta en la que habló con cuantas personas tenían algo que contar. Para que nada se perdiera, porque la experiencia de unos hombres es nutriente para el futuro de otros. ¡Ah, qué historias! ¡Qué descripciones de pueblos, de costumbres, de tácticas, de políticas! De todo hay en ese magnífico libro.
Heródoto es nuestra fuente directa, ¿única?, de conocimiento de la formidable confrontación entre el mundo persa y el occidente de la hélade. Jerjes, el descendiente de Ciro, Cambises y Dario quiere también su porción de gloria y, recién nombrado rey, reúne a los notables de Persia:
“Me propongo tender un puente sobre el Helesponto y conducir un ejército contra Grecia a través de Europa, para castigar a los atenienses por todos los contratiempos que ya han causado a los persas y, concretamente, a mi padre.”

La derrota en Maratón le escuece profundamente a Jerjes y se ve reinando sobre el mundo: “el sol ya no verá a su paso ninguna nación, ninguna, que limite con la nuestra”

Los preparativos de la expedición fueron extraordinarios: se cavaron canales para que no se tuvieran que arrastrar las trirremes por tierra; se establecieron diversos emplazamientos para los depósitos de víveres; se construyeron dos puentes de 2 kilómetros sobre el Helesponto con una doble línea de navíos, grandes anclas para ellos, tendido de cables de esparto de 151 toneladas cada uno y construcción de una gran pasarela…
El ejército era el más grande conocido por la historia hasta ese momento. El ejército de tierra suma un millón setecientos mil hombres dice Heródoto. “A su recuento se procedió de la siguiente manera: reunieron en un lugar determinado a diez mil hombres, los apiñaros todo lo que pudieron y, acto seguido, trazaron a su alrededor un círculo que los englobaba.” Tras construir una cerca en ese perímetro, fueron haciendo pasar a todo el ejército para contarlo. Ya sabemos que Heródoto exageraba. Ciento ochenta mil hombres parece que es la cifra más exacta del contingente terrestre. Los pueblos que los formaban eran casi infinitos: medos, cisios, hircanios, asirios, bactrios, sacas, indios, arios, partos, corasmios, sordos, gandarios, dadicas, caspios, sarangas, pacties, utios, micos, paricanios, árabes, etíopes, libios, paflagonios, ligures, matienos, mirandinos, sirios, frigios, lidios, misios, tracios, lasonios, cabeleos, milias, moscos., tibarenos, macrones, mosinecos, mares, colcos, alarodios, saspires… y persas, y entre ellos, los diez mil inmortales. Los persas se distinguían por “la enorme cantidad de objetos de oro que portaban. Además, llevaban consigo harmámaxas, en las que viajaban sus concubinas y una servidumbre numerosa”.
Muchos de esos pueblos eran jinetes y formaban un cuerpo de caballería de ochenta mil hombres, dice Heródoto. En el mar, mil dos cientas siete trirremes. La contabilidad total de Heródoto sube el número a cinco millones doscientos ochenta y tres mil doscientos veinte hombres.
De pronto, tiene un arranque literario: Jerjes manda llamar a Demarato, un rey griego al que tiene prisionero, y le pregunta “¿los griegos se atreverán a ofrecerme resistencia?” Ante la petición de sinceridad, Demarato responde con un elogio de los griegos en general. Sin embargo hay unos griegos en concretos, los Lacedemonios que “jamás aceptarán tus condiciones, que representan esclavitud para Grecia; pero, además, es que saldrán a hacerte frente en el campo de batalla, aunque los demás griegos abracen en su totalidad tu causa. Y, respecto a su número, no preguntes cuántos deben ser para poder adoptar semejante actitud; pues, si se da la circunstancia de que son mil quienes integran su ejército, esos mil lucharán contra ti, y lo mismo harán tanto si son menos como si son más.”
Como sabemos, en las Termópilas fueron 3100 griegos, pero sólo 300 lacedemonios, la guardia real, 100 por cada una de las tribus espartanas. 300 espartiatas con descendientes masculinos.
Sólo 300.

UN JUEGO



¿ A ver quién es capaz de decirme con qué famoso actor está relacionada esta señorita, en qué grado y el nombre de su personaje en la película en la que la he descubierto? (Aunque participa en muchas más).

No es la foto en que se ve más claro el parecido, pero creo que servirá. Y lo de la peli es fácil...

jueves, 12 de abril de 2007

EL CINE Y LOS CUENTOS DE HADAS

En el post de Michael sobre Joe contra el Volcán surgió el tema de las películas que son cuentos, y me parece que el tema merece una entrada. Aquí está.
Cómo no empezar recordando al maestro Frank Capra: este emigrante italiano, que llegó a “la tierra de las oportunidades” recién cumplidos los seis años, debía sentirse él mismo un buen ejemplo de que el sueño americano podía hacerse realidad, y reflejó como nadie en la gran pantalla la honestidad, el tesón, la fe y los buenos sentimientos que se supone que construyeron América. Muchos de sus títulos son inolvidables: la genial “Arsénico por compasión”, por ejemplo. Pero a las que quiero referirme ahora es a dos deliciosas historias protagonizadas por James Stewart (¡por quién si no!): Caballero sin Espada (Mr Smith goes to Washington, 1939) y Qué bello es vivir (What a wonderful life, 1946). El hecho de que una de ellas fuera rodada inmediatamente antes de la Segunda Guerra Mundial y la otra justo después demuestra que el conflicto no influyó significativamente, ni para bien ni para mal, en el fondo de las convicciones de Capra, católico como era. Su mensaje permanece intacto: lo que de verdad importa en la vida es ser honesto, justo, generoso, trabajador, idealista, en fin, ser un hombre de bien. Y es significativo que en ambas películas la tentación que te aleja del camino recto es la tentación del poder. Otro aspecto en el que me parecen coincidentes, y que también encuentro en otras películas que comentaré más adelante, es la posibilidad de redención. En Qué Bello es Vivir la mano providente de Dios que cuida de su hijo y no le deja perderse es evidente, porque es explícita: viene un ángel y lo salva. Dios aprieta, aprieta pero bien, pero no ahoga. Concede una segunda oportunidad. En Caballero sin espada el protagonista no necesita ser salvado; en realidad él es el ángel, aunque no sea un ángel sobrenatural, que es enviado al senador Joseph Harrison Paine para sacarlo del océano de corrupción en el que está a punto de ahogarse.
Este mensaje, que la vida, o Dios, te deja opción para que rectifiques, para que mejores, incluso cuando tú mismo ya has desesperado, como George Bailey y el viejo senador corrupto, lo encontramos también en otras películas. Por ejemplo, en las de M. Night Shyamalan: el reverendo Graham. Hess de Señales, o el doctor Malcolm Crowe de El Sexto Sentido son personajes que han dejado de encontrar sentido a sus vidas. (El Dr. Crowe ni siquiera sabe que está muerto). Pero se les concede, de una forma tan evidentemente providencial que habría que estar loco para negarlo, un asidero que les devuelve la razón y la alegría y les permite aceptar su vida, o su muerte, con todo lo que trae consigo. Y que no sólo les salva a ellos, sino también a los que están a su alrededor. Al pobre niño “pirado”, a la desconsolada viuda, a los huérfanos, al conductor que se durmió, al hermano fracasado,…
En “La Milla Verde” de Frank Darabont también hay un ángel, disfrazado de negrazo un poco simple, que tiene absolutamente desconcertado a Tom Hanks. La película muestra que aún en el corredor de la muerte hay posibilidad de redención. Los convictos son mostrados del modo más amable posible, y los funcionarios que los vigilan los tratan con respeto y cariño. De esa forma uno percibe la sensación de que son rescatados. No de la muerte, pero sí, lo que es más necesario, del pecado. Hay excepciones, por supuesto, pero son una muestra de la perversidad que también hay en el mundo. Yo veo en este cuento una analogía bastante clara con la Redención, porque John Coffey es un hombre inocente, bueno, y que hace milagros, que carga con el mal que hay en el mundo sobre sus espaldas, y que termina siendo inmolado. El papel de Tom Hanks cuando acaba la película reconociendo que una vez mató a un ángel me hace pensar en el centurión reconociendo en Cristo al Hijo de Dios. No creo que tanto parecido sea casualidad. Desconozco la filiación religiosa de Darabont, hijo de unos refugiados húngaros que huyeron de su país tras la revolución del 56, cuando él aún era un bebé, pero hay mucho de cristiano en esta película. Su otra gran película hasta el momento, Cadena Perpetua, (The Shawshank redemption, 1994) es una obra extraordinariamente alegre y optimista, un canto a la esperanza y sobre todo al poder humanizador y, por qué no, también redentor de la amistad.
State and Maine de David Mamet y Mumford de Lawrence Kasdan inciden también en que a pesar de lo que hayas hecho, se te va a conceder la oportunidad de ser mejor. Yo pienso en el hijo pródigo siempre que las veo. Y aunque no contienen ningún elemento sobrenatural ni mágico tienen algo de cuento de hadas que las hace deliciosas. En la primera, aunque no se evidencia como en Señales la moraleja providencialista, todos los hechos se van sucediendo de tal forma que no pueden ser casuales. Esto me hace pensar en otra película que tengo un tanto difusa en mi memoria, pero que me produce la misma sensación: Magnolia, de Paul Thomas Anderson,1999.
Y, en fin, no os aburro más. Algunas de estas películas son demasiado modernas para que podamos verlas en nuestras reuniones sin saltarnos la regla de los diez años, así que os invito a que las disfrutéis en vuestras casas si no las conocéis. Otro día otra persona puede hablar de las que se han quedado en el tintero: La Princesa Prometida, El Secreto de los McCaan, Narnia, El Señor de los Anillos,…

martes, 10 de abril de 2007

500 VISITAS.

Hoy, precisamente el días en que menos gente visita nuestro blog, hemos alcanzado el redondísimo número de 500 visitas.
Pero, pregunto ¿qué os pasa, blogueros? ¿Ya no escribís? ¿Gorililla está enfadada? ¿El inefable Michaelino Flyn está de resaca?

Hace falta más vida aquí, hombre, así que os mando un regalo: